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LA FATIGA EN RESISTENCIA: DOLOR vs SUFRIMIENTO

De manera sencilla, podríamos entender la fatiga como una reducción significativa de la fuerza generada voluntariamente en el músculo (López-Chicharro & Sánchez, 2014). Pero, ¿todavía crees que la etiología de la fatiga es puramente fisiológica?

Un corredor de montaña, por ejemplo, no se detiene o se fatiga por una causa fisiológica concreta. De manera muy interesante, en un estudio (Staiano, Bosio, de Morree, Rampinini, & Marcora, 2018) se intentó averiguar qué tenía más relación con que el deportista –en este caso ciclistas- parase: si el dolor muscular, la fatiga muscular o la percepción de esfuerzo (RPE). Pues bien, se concluyó que la causa final de detenerse era una alta percepción de esfuerzo, es decir, que un deportista podía tener una (p.ej.) una mayor pérdida de capacidad de generar una máxima contracción voluntaria y mayor desajuste en parámetros neuromusculares, pero que podía ser capaz de mantener más tiempo una determinada intensidad que otro deportista con una menor pérdida de capacidad de generar fuerza.

En la misma línea, en un estudio reciente (Fusco et al., 2019) se sugiere que la RPE nos da mayor información sobre la fatiga de un sujeto durante el ejercicio prolongado (la RPE iba aumentando a medida que se alargaba la prueba) que, por ejemplo, otros marcadores internos como la frecuencia cardíaca o el lactato en sangre (que se mantenían más constantes). Incluso la fatiga mental previa haría que nuestro rendimiento pudiera verse comprometido (Filipas, Gallo, Pollastri, & La Torre, 2019). De la misma manera, en otro estudio reciente verdaderamente interesante (Alschuler et al., 2020) se observó que en ultramaratonianos en una carrera por etapas todos los corredores aumentaban la percepción de dolor a medida que sucedían las etapas, pero que la capacidad de afrontar el dolor diferenciaba a los finishers de los no finishers. O sea, que aquellos que tienen mecanismos para afrontar el sufrimiento y el dolor (que TODOS tienen en carrera) serán capaces de obtener mayor rendimiento.

Con ello, podríamos decir que el ‘cómo nos sentimos’ sería el determinante final del ‘porqué paramos’. Sin embargo, ello no quiere decir que no sean importantes otros mecanismos de fatiga como el la fatiga muscular, la deshidratación, etc., si no que junto con estos mecanismos y estresores fisiológicos, otros estresores como los sociales y los psicológicos, juegan también un papel muy relevante para modular la RPE y con ello el nivel de fatiga. Dicho de otro modo, un corredor con mayor motivación, mejor estado de ánimo, mayores expectativas y mayor capacidad de sufrimiento, por ejemplo, modulará a la baja la RPE, lo cual le permitirá mantener determinada intensidad más tiempo. Y lo positivo es... ¡QUE LO PODEMOS MEJORAR CON EL ENTRENAMIENTO!

Arcadi Margarit

Etiquetas: fisiología, fatiga

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